La mayor problemática es la falta absoluta de transparencia en todos los niveles. La alta dirección transmite información que luego se demuestra falsa, y los jefes de equipo reproducen esos mismos mensajes, generando un entorno donde se normalizan las medias verdades y la manipulación.
No se trata de simples “mensajes contradictorios”: el sistema de comunicación interna está construido para presentar la realidad de forma deliberadamente engañosa, tanto hacia los empleados como hacia los clientes.
El producto que se comercializa tiene muy pocas ventajas competitivas, pero aun así se exige venderlo como si fuera una solución premium. Esto obliga a los comerciales a utilizar argumentos que distan mucho de ser honestos, y la presión para “dar la vuelta” a cualquier objeción acaba generando dinámicas que muchos considerarían muy poco éticas.
Las comisiones anunciadas en LinkedIn —supuestamente sin límite y con una media anual cercana a 15k— no se ajustan a la realidad. Incluso con meses de esfuerzo y cartera, lo habitual es alcanzar solo 200–300 € adicionales al mes, y para nuevos empleados es casi imposible.
Además, existe una gran desigualdad salarial dentro del propio equipo: personas con exactamente las mismas funciones pueden llegar a cobrar hasta 10.000 € más de salario base solo por antigüedad, sin criterios claros ni revisiones que permitan equilibrar esa diferencia.
El crecimiento profesional es inexistente. No hay planes de carrera, ni formación real, ni procesos transparentes de promoción.